"Somos eco del pasado, que venimos a despertar, a la mujer del futuro"

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martes, 13 de marzo de 2012

Martina Castell Ballespi

Lleida, 1852 - Reus, 1884

Hija de una larga saga de médicos leridanos, Martina Castells no lo tuvo fácil para acceder a los estudios. Más allá de las dificultades que una mujer pudiera encontrar en aquellos tiempos, la salud de Castells sufrió algunas sacudidas durante su niñez que la fueron apartando del aprendizaje en diversas ocasiones.
En Lérida, pudo estudiar en un par de colegios femeninos, pero la muerte de uno de sus hermanos  le comportó más problemas y otra vez se vio apartada de los estudios. A pesar de todo, ella se dedicaba a escribir y a publicar poesía.

La Revolución de 1868 cambió su vida cuando el nuevo Estado permitió a las mujeres el acceso a las carreras científicas. Castells suplicó a sus padres para volver a los estudios y en junio de 1887 acababa el bachillerato en el Instituto de Lérida para ingresar en la facultad el mismo año. Fue a la Universidad de Barcelona y, como era de esperar, escogió la carrera de medicina. En el año 1881 finalizaba sus estudios y solicitaba el examen de licenciatura el 20 de junio del mismo año; consiguió el permiso el 4 de abril de 1882. Nota final: excelente. El mismo año se doctoraba en Madrid apadrinada por el doctor Josep de Letamendi. Se especializó en Pediatria.


En su tesis, Martina Castells reivindicaba la educación de la mujer como un tema de gran actualidad y de vital importancia. Un conflicto que ella pudo superar a fuerza de una voluntad excepcional y por una predestinación a la medicina por la condición hipocrática de la familia. El doctorado de Castells no pasó desapercibido en los medios de comunicación. 

Desgraciadamente, toda esta fuerza y esfuerzo por llegar a donde muy pocas mujeres habían podido acceder fue acallada el 21 de enero de 1884. La doctora Martina Castells moría con sólo treinta y un años, mientras estaba embarazada, ya casada con el doctor Constantí, médico militar. También su muerte tuvo resonancia: La independencia Médica (1884) anotaba que la joven médica tenía un futuro muy brillante y en La Gaceta de los Hospitales (1884) la calificaban de «distinguida sacerdotisa de Esculapio».

Angela Grassi

Esta autora nació el 2 de agosto de 1823 en Italia, pero a partir de 1829 vivió junto a su familia en España, país donde su padre había conseguido trabajo como músico.
Durante su niñez y adolescencia, Ángela aprendió a tocar el arpa y el piano, así como también se especializó en geografía, retórica, literatura y arte francés e italiano. Con los años, esta mujer que alcanzó una profundidad en materia de estudio poco habitual en su época, llegó a convertirse en maestra.
Tras vivir durante varias temporadas en Barcelona, la escritora se instaló en Madrid, donde conoció a Vicente Cuenca, un periodista y crítico de música que, tiempo después, se transformaría en su marido.
Entre 1867 y 1883, Grassi, quien para ese entonces ya había recibido un premio por “Las riquezas del alma” y otro por “La gota de agua”, dirigió y colaboró con materiales de su autoría en la revista “El correo de la Moda”. “Los juicios del mundo”, “El capital de la virtud”, “La paloma del diluvio”, “Palmas y laureles” (propuesta que llegó a ser de lectura obligatoria en numerosas escuelas públicas), “El copo de nieve” (publicado en forma de folletín en 1876) y “El favorito de Carlos III” son otros de los títulos que forman parte de la producción literaria de esta novelista que, a la hora de elaborar textos, solía inspirarse en la religión, la maternidad y el amor.
Ángela Grassi perdió la vida en la capital española el 17 de septiembre de 1883, dos años después de haber quedado viuda.

Josefa Massanés

Maria Josefa Massanes, hija del coronel de infantería D José Massanes y de doña Antonia Dalmau nació en Tarragona, en el día 19 de marzo de 1811.

Perdió á su buena madre cuando apenas contaba cinco años, y fué educada por sus abuelos paternos, señores de rígido carácter y costumbres patriarcales: el profundo y tierno amor que la señora Massanes sentía hacía ellos, se deja ver en algunas de sus composiciones, y aquel sentimiento la inspiró sin duda ese respeto hacia la ancianidad, que es uno de los distintivos de su carácter.

Desde su edad mas tierna, manifestó una grande inclinación hacia las bellas artes, y sobre todo el estudio de la literatura: mas si bien su familia protegió sus disposiciones naturales en lo respectivo á la música y pintura, no fué lo mismo en cuanto á sus tendencias literarias, que la fueron contrariadas con gran empeño, y conforme á las preocupaciones que en aquella época dominaban, respecto á la educación de las señoritas.

Sin embargo, como el poeta nace con una vocacion irresistible, como tiene que satisfacer la sed de su alma ó morir, la señorita Massanes, obediente, dulcísima y cariñosa para los ancianos que habian velado su cuna, no halló otro medio de leer y estudiar, que privarse de las horas de sueño, con tal afan y perseverancia, que su salud se debilitó hasta el estremo de no haberla vuelto a recobrar.

¿Quién inspiraba á Josefa Massanes tal valor, tanta constancia?

Dios, que al nacer, habíale dicho desde el cielo:

– ¡Tu cantarás, es tu mision, y para eso te he formado!

Porque las poetisas que hemos venido al mundo desde el año 1830 al 1840, hemos tenido para animarnos el ejemplo de las que nos han precedido, el estímulo de su gloria, la leccion de su paciencia; pero cuando Josefa Massanes dejó escapar de su pecho á la edad de diez años su primer canto poético, ninguna mujer en España habia ceñido aun sus sienes con la corona de la poesía.

Mucho tiempo pasó, sin que la señorita Massanes diese nada á la prensa: como ya he dicho, hacia versos desde la edad de diez años, pero los hacia para satisfacer una imperiosa necesidad de su alma, y sin que la vanidad tuviese parte en sus cantos.
 
En el año 1835 empezó á publicar sus inspiraciones en los acreditados periódicos: El Vapor, El Guardia Nacional y La Religion: y aquellas composiciones, llenas de ternura y de sentimientos religiosos, revelaron á la gran poetisa que mas tarde había de ocupar un sitio tan elevado en la literatura patria.

Reprodujéronla, y fueron extraordinariamente elogiadas en la prensa nacional y extranjera, sobre todo, la que lleva por titulo El beso maternal, que copiaron casi todos los periódicos de España. En los Estados-Unidos, no solo la insertó El Noticioso de ambos mundos de Nueva York, sino que tambien fue traducida al inglés por órden del gobierno de aquel país, y recomendada á los establecimientos de educacion primaria.

Desde el 37 al 40, publicaron sus composiciones los periódicos mas acreditados de Barcelona.
En 1841 dio á luz el primer tomo de la Colección de sus poesías, y en 1850 el segundo, con el título de Flores marchitas. En el dia está en prensa el tercero, que bajo el nombre de Frutos de Otoño, publicará La Maravilla, gran sociedad de publicaciones establecida en Barcelona: estos volúmenes, así como otras poesías sueltas de la señora Massanes, han inspirado estensos artículos, ó mas bien brillantes y merecidos elogios, á muchos de nuestros mas distinguidos escritores.

No ha celebrado Cataluña una solemnidad nacional, no ha espresado una sola de sus alegrías patrias, en que no haya acudido á pedir sus inspirados cantos á la señora Massanes: es ademas sócia de muchas corporaciones científicas, artísticas y literarias, y ha recibido infinitas muestras de cariño y de aprecio en los altos personajes, que a su paso por Barcelona han tenido ocasión de estimar lo sobresalientes de su talento y el mérito de su modestia.
Sus poesías son casi populares, y muchas de ellas se han impreso con gran lujo tipográfico.

Hace dos años que por primera vez, y á ruegos de varios amigos, escribió en su lengua nativa algunas composiciones, que publicó con general aceptación el editor Sr. Manero en sus dos colecciones de Autores catalanes.
La señora Massanes, aunque nacida en Tarragona, solo residió en esta ciudad los dos primeros meses de su vida, habiendo habitado despues casi siempre en Barcelona.

En 1843 quiso unir á los goces que le proporcionaba la literatura, los dulces placeres de la familia, y se unió con los lazos del matrimonio al Sr. D. Fernando Gonzalez de Ortega, entonces capitan, y hoy teniente coronel de infantería. Su enlace se verificó por poderes en Barcelona, y se ratificó en Madrid, adonde la señora Massanes vino á reunirse con su esposo, permaneciendo poco tiempo en la córte.

Dios privó á la distinguida poetisa de los dulces cuidados de la maternidad, tal vez para que fuese la consoladora de las agenas desgracias: porque su beneficencia, su caridad, son inagotables, y nadie que padece y se acerca a ella, se aleja sin consuelos de su lado.

En 1853 adoptó á un pobre huerfanito recien nacido, y en 1854 á otro de tres años de edad, que tambien habia quedado sin padres, cumpliendo así con dos desvalidas criaturas la mas dulce y sagrada mision de la mujer.
Es indescriptible la pasion con que la señora Massanes ama á sus dos hijos adoptivos, el esmero con que atiende á su educación, los cuidados de que les rodea.

Todos los que han tenido la dicha de tratar á la distinguida poetisa, convienen en la excelencia de su carácter y de sus sentimientos: es afable, sencilla, jovial, tierna en sus afecciones, y generosa hasta la abnegación: dotada de estrema franqueza, es sin embargo benévola, tan cariñosa, tan dulce, que cautiva todas las voluntades.

<Yo no he recibido desengaños en mi vida literaria>, dice en una de sus cartas á la que suscribe este pobre artículo, <solo he hallado generosidad, tolerancia, amigos fieles y entusiastas.>

Mas cómo, la dirémos nosotros, ¿cómo podia suceder de otra manera? La que ignorando su propio mérito se dedica á amar y á derramar beneficios sobre sus semejantes: la que teniendo incontestables derechos para ser admirada, es modesta, dulce y buena; la que es el verdadero ángel de los tristes, ¿cómo podia de hallar hiel en derredor suyo? La corona de verde laurel y de aromadas flores que ciñe y refresca las sienes de la señora Massanes, es la recompensa que Dios la envia en su justicia, y que la concede la sociedad, que á pesar de cuanto se diga, sabe estimar y amar cuanto es bueno, noble y grande.

Ya nos han precedido en la grata tarea de hacer una biografía de esta distinguida poetisa algunos escritores de justa reputacion.

Ademas de los trabajos publicados de la señora Massanes, de que hemos hecho mencion, y del tercer tomo de sus poesías, en prensa, tiene inéditos un drama, varios opúsculos, y un tratado sobre los deberes morales y sociales de la mujer.
Este libro será notable por mas de un concepto, pues su autora, ademas de poseer una vastísima erudicion, fruto de sus largos estudios, conoce muy bien por la excelencia de su corazon y de su talento todos los deberes que su sexo impone y debe cumplir.
La señora Massanes es sencilla en sus hábitos, pero distinguida en sus maneras: su figura está á un tiempo llena de nobleza y de dulzura, y el talento y la inspiración reverberan en sus hermosos ojos.
No elogiamos en particular ninguna de sus poesía; no sabemos juzgar sino alabar lo que creemos bueno, y todo cuanto su pluma ha producido nos parece admirable: la culta Cataluña, idólatra del nombre de Josefa Massanes, la ha levantado ya un pedestal en cada corazon; y la literatura patria la ha concedido con justicia uno de los asientos mas elevados en el Parnaso español, al mismo tiempo que todas las mujeres que sostenemos la pluma en nuestras débiles manos, la debemos la mas tierna gratitud por haber iniciado el camino de la poesía femenina, y haberle alumbrado con la hermosa luz de sus virtudes.

martes, 6 de marzo de 2012

Teresa Claramunt

(1862-1931)
Quizás la primera revolucionaria española del siglo XIX. Anarcosindicalista.
Una de las militantes fundamentales del movimiento libertario español.
Nació en Barbastro (Huesca) en 1862 aunque con pocos años se trasladó con sus padres a vivir a Sabadell.
Trabajó en el textil y defendió a ultranza los derechos de las trabajadoras explotadas.
Pasó largas temporadas en prisión y después del llamado "proceso de Montjuic" fué expulsada de España. Vivió en Francia y Gran Bretaña.
En 1898 volvió del exilio.
Líder de la huegla textil de 1902, fué desterrada por ello a Zaragoza.
En 1903 publicó: "La mujer, consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre"
En 1911 fundó la revista El Productor. En esa fecha fué acusad de haber dirigido una huelga general en Zaragoza fué llevada de nuevo a prisión dos años más tarde de la Semana Trágica de Barcelona (1909) en la que también participó.
En 1929, muy debilitada, pronunció su último mítin.
  Podemos tener acceso a uno de sus impresionantes textos sobre su vivencia en la cárcel durante el proceso de Montjuic recogido en la base documental de la Història Contemporània de Catalunya.
http://www.xtec.es/~jrovira6/restau11/teresa.htm

Clara Campoamor

(Madrid 1888 – Laussanne 1972 )
Nace en el barrio madrileño de Maravillas el doce de febrero de 1888, en una familia de origen humilde. Su madre era modista y su padre, contable de un periódico
A la muerte de éste, se ve obligada a interrumpir sus estudios y ponerse a trabajar y lo hace en el cuerpo de Correos y Telégrafos en 1909.

.
En 1914 y tras sacar el número uno de su oposición, se convierte en profesora de adultas en el Ministerio de Instrucción Pública. Sin embargo, al no tener el bachiller sólo puede impartir clases de taquigrafía y mecanografía por lo que decide seguir estudiando a la vez que lo compagina con sus trabajos de mecanógrafa en el Ministerio y de secretaria en el periódico “La Tribuna” respectivamente.


En 1923 participa en un ciclo sobre Feminismo organizado por la Juventud Universitaria Femenina donde comienza a desarrollar sus ideario sobre el derecho a la igualdad de las mujeres.



En 1924 y a la edad de treinta y seis años se licencia en Derecho lo que le permite defender dos casos de divorcio muy célebres en aquella época, el de la escritora Concha Espina, de su marido Ramón de la Serna y Cueto, y el de Josefina Blanco, de Valle-Inclán.

Fue también la primera mujer que intervino ante el Tribunal Supremo y que desarrolló trabajos de jurisprudencia sobre cuestiones relativas a los derechos de la situación jurídica de las mujeres en nuestro país.





Homenaje de las asociaciones feministas a Clara Campoamor en Madrid, 15-11-1931
En 1928 crea junto a compañeras de otros paises europeos la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas, que todavía existe con sede en París y trabaja junto a Victoria Kent y Matilde Huici en el Tribunal de Menores.

En 1930 contribuye a fundar la Liga Femenina Española por la Paz.



Con Azaña forma parte de la junta directiva del Ateneo de Madrid y se declara republicana. A la pregunta de un periódico "¿Monarquía o República?, responde ¡República, República siempre!. Me parece la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos. Y en muchos casos la más adecuada a la situación de un país específicamente considerado, verbigracia, España".

Fue delegada de España en la Sociedad de Naciones.

En los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, colabora en el diario “La Libertad” donde en una sección propia titulada “Mujeres de hoy” presenta y analiza la vida de mujeres.


Tras la dictadura, entra a formar parte del Partido Radical y se presenta a las elecciones de 1931 para las Cortes Constituyentes de la Segunda República, obteniendo un escaño como diputada por Madrid.

Participa en la comisión encargada de redactar la Carta Magna republicana, siendo la primera mujer que habla en las Cortes Españolas. Estamos en septiembre de 1931.


Desde su tribuna ejercerá una enadercida defensa del sufragio femenino en España, con la oposición de sus propios compañeros de partido y de otra diputada socialista, Victoria Kent, convertida en la portavoz del “no”.


Victoria Kent se opone al derecho electoral de las mujeres, argumentando que éstas influidas por la Iglesia, votarán conservador. La derecha, contraria a la emancipación de las mujeres, apoya, sin embargo, a Clara Campoamor por los motivos que esgrime Victoria Kent, pensando que los votos de éstas les serán favorables a su formación.


Clara Campoamor se mantiene fiel a sus principios y defiende el derecho de las mujeres a ser consideradas ciudadanas por encima del sentido de su voto.

Al final, y con una apretada victoria impone sus tesis y entra en la Historia como la principal artífice de la inclusión del voto femenino en España, recogido en la Constitución de 1931, que en su artículo 36 dispone que “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”.

Discurso de Clara Campoamor
ante las Cortes el 1 de octubre de 1931, donde quedaría aprobado el voto femenino en España

 



En las elecciones de 1934, la CEDA se proclama vencedora y toda la izquierda culpa de su derrota a Clara Campoamor. Es su muerte política.


Sin embargo, en 1936, las urnas darán la mayoría a la izquierda.


En diciembre de 1933 es nombrada Directora General de Beneficencia, cargo del que dimite al año siguiente por discrepancias con el ministro.


Por esas fechas tiene lugar la rebelión de Asturias y Clara marcha a Oviedo con el fin de socorrer a los hijos de los mineros muertos o encarcelados.


La dura represión junto con la falta de interés que muestra el Partido Radical por todas las cuestiones referentes a la situación de desigualdad de las mujeres, la lleva a salir del mismo.

Intenta organizar un partido independiente que defienda los derechos de las mismas pero se le niega la entrada en el Partido de Izquierda Republicana.

En 1936, tras el golpe militar del general Franco contra la República Española, Clara Campoamor se exilia a Francia, Argentina y a Laussanne donde fallece en 1972 sin haber tenido la oportunidad, ante las condiciones impuestas por parte del gobierno franquista, de regresar a España como era su deseo.

Concha Fagoaga y Paloma Saavedra, en su reedición de El voto femenino y yo, en 1981, citan una carta de Clara Campoamor en 1959 a Martín Telo:
 

Clara Campoamor «Creo que lo único que ha quedado de la República fue lo que hice yo: el voto femenino».

Obra:
Escribió artículos en los diarios de la época “La Tribuna”, “Nuevo Heraldo”, “El Sol” y “El Tiempo” y publicó “El derecho de la mujer en España” (1936), “La situación jurídica de la mujer española” (1938), “Mi pecado mortal. El voto femenino y yo” y “La revolución vista por una republicana”.


Carmen de Burgos

1867-1932


Escritora, periodista y pedagoga. Bautizada en la Iglesia Parroquial de San Pedro (Almería) con los nombres de María del Carmen, Ramona y Loreta, nació al amanecer del día 10 de diciembre de 1867 en Almería. Era hija de José Burgos Cañizares, propietario, y Vicecónsul de Portugal en Almería, y de Nicasia Seguí Nieto.


Se casó muy joven, «en contra de la voluntad de su padre», a los dieciséis años, con Arturo Álvarez, hijo del gobernador de Almería, instalándose en aquella capital. Allí, por primera vez, entra en contacto con el mundo gráfico colaborando en la Almería Bufa. Problemas matrimoniales y la muerte de su hijo (de los tres que tuvo sólo sobrevivió su hija Maruja), la llevaron a Madrid abandonando el domicilio conyugal. Así describe estos primeros momentos su compañero sentimental, el escritor Ramón Gómez de la Serna: «Carmen vino a Madrid a rehacer su vida, sin recursos, con su hija en brazos (...) Carmen, con su sombrerito triste y con su hija siempre en brazos» y «en medio del escándalo provinciano».
Tras el divorcio, decidió estudiar magisterio, como alumna libre, al mismo tiempo que se iniciaba en el artículismo. Según datos oficiales ingresó en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara en 1901. En 1905 consiguió una beca para ampliación de Estudios en el extranjero y en 1907 fue comisionada para desempeñar la Cátedra de Economía Doméstica en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid. Ese mismo año se traslada a la Escuela Normal Superior de Maestras de Toledo (sus biógrafos coinciden en que fue un castigo impuesto a causa de un artículo publicado en el Heraldo de Madrid que no gustó a la autoridad académica). Allí «sobrevivió » hasta 1909, año en que se trasladó a Madrid como auxiliar de la Sección de Letras en la Escuela Normal Central de Maestras, al mismo tiempo que desempeña la Cátedra de Economía Doméstica en la Escuela Superior de Artes Industriales.
En 1911 fue nombrada profesora especial de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Fue también profesora de sordomudos y ciegos, actividad que ejerció hasta su muerte. Como apuntamos, su faceta como pedagoga siempre se vinculó a su actividad como escritora y periodista. Su producción literaria y articulista es numerosísima y abarca un amplio temario: desde belleza y economía doméstica hasta política. En este campo Carmen de Burgos luchó siempre por los principios republicanos, la inserción de la mujer en la vida pública y el sufragio, y con este fin fundó en 1920 la Cruzada de las Mujeres Españolas, a imagen de la creada en Portugal por su gran amiga, la dirigente feminista Ana de Castro. Cerebro intelectualmente inquieto, en 1908 había fundado la Alianza Hispano Israelita, publicando en su órgano de difusión la Revista Crítica. Su trabajo como colaboradora lo desarrolló, entre otras, en las siguientes publicaciones: La España Artística, La Educación, Album Ibero-Americano, La Correspondencia de España, El País, ABC, Feminal, La Alhambra, El Liberal, Tribuna Pedagógica, Por esos mundos, La Esfera, El Turbión. Fue redactora de El Heraldo y El Nuevo Mundo de Madrid. Fue miembro activo de la Asociación de la Prensa y de la Sociedad de Escritores y Artistas, Ateneo, Protección de la Infancia y «otras sociedades científico literarias». Fue también la primera mujer corresponsal de guerra en España.
Por lo que se refiere a su conciencia feminista ésta se fue desarrollando y evolucionando paulatinamente. En un principio, sus reivindicaciones se basaron fundamentalmente en la defensa del derecho a la educación, y al papel fundamental de la mujer como madre. No obstante acabaría defendiendo, con la pasión que siempre la caracterizó, el papel de las mujeres en la vida pública. Esta misma evolución puede aplicarse al tema del sufragio, pues si en un primer momento tuvo ciertas dudas respecto a la conveniencia de hacerlo extensivo a «todas» las mujeres españolas, su implicación posterior con el republicanismo y las ideas socialistas hicieron de ella una de las mayores defensoras del sufragio universal.
El día 9 de octubre de 1932 fallecía en Madrid, cuando participaba en una reunión política del Círculo Radical Socialista. Su último aliento fue para vitorear a la República. Su amiga Dolores Cebrián, esposa de Julián Besteiro y compañera de Carmen en la Normal de Toledo, lo comunicaba oficialmente al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Al otro lado de la frontera, la revista portuguesa Portugal Feminino, con la que colaboró en vida, también ofrecía su tributo a la feminista española insertando la necrológica (elaborada por su amiga Ana de Castro Osorio) en su «Página Feminista»: «Carmen de Burgos, la gran escritora española que el 9 de octubre murió heroicamente en plena actividad de acción liberadora, es un valor mundial que todas las mujeres deben respetar (...) Amaba sus ideales más que a su propia vida... Y quien sabe si su gran y heroico sacrificio quedará aún largos años desconocido e inútil para la sociedad y, principalmente, entre las mujeres, al progreso de las cuales se sacrificó». 


Más Información:

http://www.carmendeburgos.org/carmendeburgos.htm

sábado, 3 de marzo de 2012

Carolina Coronado Romero de Tejada

Carolina Coronado nació en 1820 en Almendralejo, un pueblo de la provincia de Badajoz en Extremadura, en el seno de una familia acomodada y distinguida pero de ideas liberales que atrayeron la represión fernandina sobre sus miembros: Fermín Coronado, el abuelo de la escritora, murió ese mismo 1820 por maltratos, y el padre Nicolás, fue encarcelado y luego amnistiado en 1829.

Cuando Carolina tenía cuatro años, la familia se trasladó a Badajoz, sin embargo, a pesar de vivir en una ciudad (aunque muy de provincias en la época) y a pesar de las ideas “progresistas” de la familia, la joven Coronado no recibió nada más que la normal (es decir muy pobre) educación de una señorita de su época, aunque es sabido que tuvo una buena cultura musical. Desde niña se demostró precoz en la lectura y en la composición literaria, especialmente de versos, y como autodidacta aprendió francés, inglés, italiano y portugués. Sin embargo, a pesar de las capacidades, y en contra de sus aspiraciones personales, la familia siempre obstaculizó la vocación literaria de Carolina, que se reveló pronto: en 1839 publicó en el periódico madrileño «El Piloto» la oda A una pluma, poema que despertó cierto interés, incluso en el bien famoso paisano suyo José de Espronceda. Pocos años después salió su primer libro Poesías con prólogo de Hartzenbusch.
 
En 1850 la familia Coronado se trasladó a Madrid, aquí Carolina hizo vida de corte, destacando por su belleza y su talento literario, dotes que le procuraron el favor incluso de la reina Isabel II. Dos años después Carolina se casó con Horacio Justo Perry, primer secretario de la Embajada de los Estados Unidos. Tras su matrimonio, aunque no abandonó la actividad literaria, la Coronado dejó casi por completo la poesía por la prosa, publicando sus obras sólo tras largas temporadas de silencio; en esta segunda fase de su vida Carolina desarrolló una intensa actividad de anfitriona, antes en Madrid, más tarde en Lisboa: por su salón pasaron personalidades progresistas de la altura del Duque de Rivas, Quintana, Zorrilla, Castelar, Gallego, Nocedal y otros.

El año 1854 fue un momento muy doloroso para la vida de nuestra escritora, a los dos años murió su hijo Horacio, pero las angustias no habían terminado, y veinte años después, en 1873, murió también su hija Carolina, cuyo cadáver, por decisión de su madre, fue embalsamado y conservado en un armario en el convento de las Madres Pascualas de Recoletos. Tras esta pérdida, el matrimonio se trasladó a Lisboa, a Paço d’Arcos y luego al palacio de la Mitra; en 1891 murió su marido Horacio, al que Carolina también mandó embalsamar y conservar en la capilla de su residencia y a él se dirigía todas las noches con el nombre de “El silencioso”. Carolina murió el 15 de enero de 1911 y su cuerpo, junto con el del marido, fue trasladado a Badajoz por su hija Matilde, la única que le sobrevivió, y por su yerno, el Marqués de Torres-Cabrera.
Aunque nunca se haya olvidado por completo a Carolina Coronado, la crítica ha vuelto a dedicarle atención desde hace relativamente poco tiempo. Famosa en su época por su belleza y elegancia, su talento, sus ideas anticonformistas y algo excéntricas (aunque llevó la vida discreta de una dama de la alta sociedad), su fortuna deslució tras su fallecimiento. Carolina en efecto, sin olvidar sus largas pausas entre una obra y otra, especialmente después de casada, fue una autora activa y creativa. Escribió y publicó sus poemas, algunos de ellos tradicionales otros bastante “inovadores” con cierta temática “libertaria”, poemas que se editaron en un primer momento en revistas y más tarde en volumen (en tres ediciones diferentes incorporando siempre nuevos textos); se dedicó a la prosa novelística (tenemos noticia de una quincena de novelas), al artículo y al ensayo de costumbre, y hasta al texto dramático, sabemos efectivamente que compuso varias obras teatrales (Alfonso IV de León, Un alcalde de monterilla y El divino Figueroa) aunque sólo una de ellas se estrenó (El cuadro de la esperanza, 1846).

Si es verdad que la crítica actual ha puesto más el acento en la inspiración “feminista” de su obra que, si por un lado reivindica más autonomía para la mujer y sobre todo el derecho a una buena educación y al ejercicio de las letras, por el otro pone a la persona Carolina en contraste existencial entre el papel público de escritor y el privado de esposa y mujer, no cabe duda de que la escritora extremeña es – prescindiendo incluso de esta problemática – una interesante y digna representante de las letras españolas del siglo XIX.

Obras de Poesía

Poesías, 1843; 2ª ed. ampliada 1852; 3ª ed. 1872.


Novelas

Jarilla, 1850.
Paquita y Adoración, 1850.
La Sigea, 1851.
Luz, 1851.
La rueda de la desgracia. Manuscrito de un conde, 1873.
El oratorio de Isabel la Católica, 1886.
Harnina (inacabada), 1880.


Ensayos

Los genios gemelos. Primer paralelo: Safo y Santa Teresa de Jesús, 1850.
Un paseo desde el Tajo al Rhin, descansando en el Palacio de Cristal, 1851.
Galería de poetisas contemporáneas (varios escritos publicados entre 1846 y 1862).


Teatro

El cuadro de la Esperanza, (inédito, fecha probable 1847-1848).

martes, 28 de febrero de 2012

TEODORA LAMADRID



Teodora Hervella Cano, conocida como Teodora Lamadrid (Zaragoza, 26 de noviembre de 1820 – Madrid, 21 de abril de 1896) fue una de las figuras más destacadas del panorama teatral de la España del siglo XIX.

 

 

Biografía

Teodora Lamadrid2.JPGActriz de amplio registro, tuvo ocasión a lo largo de su carrera de interpretar algunas de las más representativas piezas de teatro clásico, en prosa y en verso, y probar suerte también como cantante lírica de ópera y zarzuela.
Hermana de la también actriz Bárbara Lamadrid, pisó un escenario por primera vez a la corta edad de ocho años. En 1832 se trasladó a Madrid al ser contratada, junto a su hermana, para trabajar en los teatros Príncipe y de la Cruz.
Sobre los escenarios madrileños fue consolidando su prestigio hasta que en 1851 interpretó uno de las obras cumbre de su carrera, Adriana Lecouvreur, que supondría su consagración definitiva. En años sucesivos, su repertorio se fue engrosando con obras como Locura de amor , El tanto por ciento, La campana de Almudaina, Lo positivo, Virginia, La villana de Vallecas, El desdén con el desdén, Don Juan Tenorio, Los amantes de Teruel o El trovador.

Su faceta como cantate lírica incluye una de las primeras óperas españolas, El novio y el concierto (1841), compuesta por su esposo Basilio Basili, como era habitual en los actores de la época, realizó también una exitosa gira teatral por diversos países de Latinoamérica.
También se dedicó a la docencia, impartiendo clases en la Escuela Oficial de Declamación del Conservatorio de Madrid, entre otras personalidades, a la posteriormente figura del teatro español María Guerrero.
Coetánea de Matilde Díez, la otra gran figura del teatro español del momento, ambas mantuvieron cierta rivalidad a lo largo de los años.
Su retrato figura, entre otros, en el telón del Teatro Principal de Zaragoza que data de 1877. Con carácter póstumo ha dado nombre a calles en varias ciudades españolas

MARIA TOMASA PALAFOX Y PORTOCARRERO

 María Tomasa Palafox y Portocarrero (Madrid 1780, San Giorgio a Cremano, Nápoles 1835). Marquesa de Villafranca y duquesa de Medina Sidonia, hija de la condesa de Montijo y de Felipe Palafox. Perteneciente a una acaudalada familia de la alta aristocracia aragonesa, se casó en 1798 con Francisco de Borja Álvarez de Toledo, marqués de Villafranca y duque de Medina Sidonia.

     Su madre, una gran ilustrada de la época, que disfrutó de una enorme actividad social inédita para las mujeres hasta la fecha, dio a su hija una educación magnífica. Tomasa siguió sus pasos.  Practicó la pintura y fue nombrada académica en 1805.

En 1811, fundó en Cádiz la Sociedad Patriótica de Señoras de Fernando VII, donde tuvo destacado protagonismo en aquellos años de Cortes.

     Esta asociación tenía como fines colaborar en la intendencia del ejército y de los hospitales, así como excitar el patriotismo de las damas a fin de que todos contribuyeran en la Guerra de la Independencia. Las mujeres se encargaron de recaudar fondos y organizar la confección de uniformes para el ejército, pero también dieron a conocer sus aspiraciones y logros a través de la prensa periódica, siendo objeto de especial reconocimiento por periódicos como el Semanario Patriótico y El Conciso.

     Publicó un Elogio a la reina Isabel de Braganza en 1819 y varias Memorias sobre las tareas de la Junta de las Damas en los años en que ejerció la presidencia (su madre fue secretaria de la misma durante 18 años ininterrumpidos). En 1830 se le concedió la banda de la Orden de Damas Nobles de la reina María Luisa. Las inclinaciones carlistas de su segundo marido y su hijo mayor la llevaron a Italia, donde murió.

Matilde Padrós y Rubio

Matilde Padrós Rubió nació en Barcelona en 1873, hija del comerciante textil catalán Timoteo Padrós y de Paulina Rubió. Nació en el número 11 de la calle del Coll y tuvo cuatro hermanos más.

La familia se trasladó a Madrid siendo Matilde una niña y abrió una tienda de modas, llamada El Capricho, en la esquina de las calles Alcalá y Cedaceros.

 Asistió, como buena burguesa, a un colegio privado, y al final del curso se presentó por libre a los exámenes en el Instituto San Isidro. Terminó el bachillerato el 1 de julio de 1887, con 14 años, con nota de sobresaliente. Solicitó el ingreso en la universidad Complutense, que ejercitó al comenzar el curso siguiente. En el tiempo en que Matilde ingresó en la universidad, nueve de cada diez mujeres que entraban a comprar en El Capricho no sabían ni leer ni escribir.
La universidad no estaba cerrada a las mujeres, que podían examinarse; sin embargo, lo que parece que estaba prohibido aun era asistir a clase. De hecho Matilde, matriculada en la universidad, tuvo que estudiar el primer curso en casa y, en el verano de 1888.

Es posible que a Matilde esta situación de tener que examinarse por libre no le gustase nada; además, probablemente encontraba que era un hándicap no poder asistir a las clases como sus compañeros hombres. Por esta razón o por otra, lo cierto es que, cara al segundo curso, don Timoteo se dedica a mover Roma con Santiago para que su hija pueda asistir a las clases. Finalmente, lo consigue.
La asistencia de Matilde a las clases, no obstante, no era normal. Siendo como es el conocimiento de peña del otro sexo y el ligoteo un hecho colateral de ser universitario, ni Matilde ni sus compañeros pudieron catarlo; ella jamás tuvo contacto normal con sus compañeros de clase.
Matilde acudía al edificio , en lugar de dirigirse al aula, lo hacía a la sala de profesores. Allí esperaba a que llegase el profesor que iba a impartir su clase, momento en el cual, acompañada por éste y por un bedel, iban los tres al aula. Así escoltada entraba Matilde Padrós en el aula, para sentarse en una sillita junto a la mesa del profesor, lejos de los escaños de los alumno. Al terminar la lección, regresaba a la sala de profesores igualmente escoltada donde, al finalizar la última clase, la esperaba algún pariente suyo o criado, que la acompañaba a casa. Matilde Padrós, por lo tanto, nunca intercambió conversaciones ni contactos con sus compañeros de clase, como no fuesen los extremadamente formales que permitía este régimen. Además, vestía de una forma muy recatada y oscura. Los estudiantes de su curso la apodaron La Niña.
En casi todas las asignaturas, entre las que se cuentan el griego, la metafísica, la literatura, el hebreo, sacó sobresaliente. El 19 de junio de 1890 aprobó el último examen de su licenciatura.

Con posterioridad, ya en la Universidad Central, Padrós siguió dos cursos de doctorado. Fue eximida del pago de matrícula, por haber sido calificada con matrícula de honor, e hizo estudios de sánscrito, historia de la filosofía, más literatura o estética. El ejercicio de grado para sacarse el doctorado lo hizo el 27 de abril de 1893, sacando un sobresaliente.
Terminados los estudios de Matilde, su padre la necesitaba para viajar, sobre todo a París, y tratar de copiar los diseños que allí se veían. Así pues, tras tan brillante carrera intelectual, primero obedeció a su padre, y después sería ama de casa.

Girados los goznes del siglo XX, Padrós conoció al ilustrador malagueño Francisco Sancha. Tras un noviazgo a la antigua se casaron en 1906. En 1911, se fueron a Londres. Matilde Padrós trabajó de profesora de español, así como redactora de la Enciclopedia Británica.

En 1922, la familia regresó a España, a Madrid. Matildey muere en 1937

lunes, 27 de febrero de 2012

Agustina de Aragón

Conocida como Agustina de Aragón, o también como “La Artillera”, su verdadero nombre era Agustina Raimunda María Saragossa Doménech, de padres payeses del pueblo Leridano de Fullera, aunque bautizada en Santa María del Mar de Barcelona como consta en el acta de bautizo, el 6 de marzo de 1786.
Sus padres, Pedro Juan Francisco Ramón Saragossa Labastida y Raimunda Doménech Gasull, buscando mejorar su situación, en los difíciles tiempos que corrían y con muchos hijos, tuvieron 11, decidieron marcharse a trabajar en Barcelona.
A los 17 años, (16 de abril de 1803), se casa con un joven de Masanet de Cabreys, Figueres, Juan Roca Vilaseca, cabo 2º del Primer Regimiento del Real Cuerpo de Artillería, destinado en la guarnición de Barcelona.
El cabo 2º, participó en casi todas las escaramuzas que hubo en la zona, desde Esparraguera hasta la de junio de 1808 en Bruch, en la defensa de Barcelona de la invasión de las tropas Napoleónicas, luego en la retirada de diciembre del Campo de Esplugues, y pocos días después, de la de Molins de Rey. Desde allí, las tropas españolas prosiguen su lucha hasta llegar a su nueva guarnición, Zaragoza.
Hasta allí le siguen su mujer, Agustina y el hijo, que tan sólo tiene cuatro años, lo normal en aquel entonces era que con los ejércitos que se desplazaban a cierta distancia lo hicieran acompañados de grandes masas de civiles: sus familiares.
Recién llegados a Zaragoza, se encuentran una ciudad a la que poco a poco van llegando restos de tropas regulares de las zonas limítrofes, procedentes sobre todo de los descalabros de Tudela y Mallén, dispuestas a refugiarse, y también a defender la plaza fuerte de la ciudad del inminente ataque francés.
La guarnición con que contaba la plaza era muy escasa, estaba formaba por un Estado Mayor con 113 jefes y oficiales, la mayoría de fuera de Zaragoza, veteranos y enfermizos, la tropa constaba de una Compañía Fusileros de 178 hombres, una partida de 383 soldados y 157 reclutas repartidos en pueblos y puntos de la provincia.
El primer asedio de Zaragoza comienza el 15 de junio de 1808, las tropas francesas al mando del General Lebfevre, mal organizadas y muy ufanas, envía una propuesta de rendición de la plaza, propuesta que es rechazada por el General Palafox.
Los planes franceses eran los de bombardear la ciudad por tres lugares a la vez: por la puerta del Carmen, las del Portillo y la de Santa Engracia.
Cuando comienzan los bombardeos, es tal el desconcierto y la improvisación, que los zaragozanos tuvieron que fortificar la plaza bajo el fuego de los cañones franceses y los ataques de su caballería e infantería.

Y llegamos a la heroica gesta.
El 2 de julio, las tropas francesas logran penetrar por una brecha abierta en la Puerta del Portillo, su defensa estaba encomendada a Francisco Marco del Pont, el artillero que disparaba la pieza de artillería en ese punto, un cabo a falta de otro de mayor graduación, cayó abatido por una granada, que hace estallar los cartuchos que quedaban, haciendo casi volar al resto, quedando inutilizada la batería, mejor dicho, quienes podían dispararla, y expuesta a ser asaltada.
Ya se acercaba una columna enemiga, cuando de pronto, una de aquellas mujeres que ayudaban a los que defendían las improvisadas trincheras, llevándoles municiones, agua y alimentos a pie de las murallas, toma una mecha, pasa por entre muertos y heridos, y dispara un cañón de 24 cargado con bala y metralla, esto hizo que los pocos artilleros que quedaban vivos, se levantaran y consiguieran seguir el fuego hasta que logra llegar un refuerzo de otra batería, obligando a las tropas francesas a una precipitada retirada.
A Agustina de Aragón, el Rey la nombra Artillera, con un sueldo de 6 reales diarios.

El asedio finaliza el 14 de Agosto, y no es hasta el 21 de Diciembre de 1808, en el que mucho mejor preparados y conscientes de que la lucha iba a ser muy dura, cuando llega el segundo y definitivo asedio. Éste, fue mucho peor, los franceses habían aprendido la lección anterior y cambiaron su estrategia, llegaron con tropas experimentadas y resueltas a no dejarse derrotar por lo que ellos llamaron turba de ciudadanos, pero que les habían hecho frente con éxito la última vez.Esta vez, los franceses si consiguieron cerrar el cerco a la ciudad, aunque contaron con una ayuda inesperada, una epidemia de tifus que asoló a la población, incluso Palafox cayó enfermo, la situación era desesperada, había hambre, frío, tifus y el Capitán General contagiado. En estas circunstancias se creó una Junta de Defensa que decidió capitular y rendir la ciudad a los franceses el 21 de Febrero de 1809, tras dos meses de fanática resistencia.
Cuando todo esto sucede, Agustina, como tantos otros está enferma con tifus, pero a píe de cañón y es hecha prisionera junto con miles de ciudadanos, enterados los mandos franceses que en su poder está la heroína de julio, la visitan, comunicándole que van a ser piadosos con ella. Esta piedad consiste en hacerla caminar con el resto de prisioneros junto con su hijo, en Olvega muere su hijo.
En 1809, el rey le concede el sueldo de Alférez de Infantería que disfrutaría hasta su muerte.
Ha nacido la heroína.

Cuando se repone marcha a Teruel, y más tarde a Sevilla y Cádiz, donde la agasajan como una heroína. Sin embargo quiere volver a Cataluña, a Tarragona donde su marido aun lucha contra los franceses.
Participa en la defensa de Tortosa y tras la caída de esta, se incorpora durante un breve espacio de tiempo, a la guerrilla que dirige Francisco Abad “Chaleco”, por La Mancha, más tarde se incorpora al Cuerpo que manda Morillo y hasta parece que participa en la batalla de Vitoria.
En 1814, cuando acaba la guerra, vuelve a Zaragoza y de allí a Barcelona, donde al Subteniente Roca, su marido, acaban de destinar. Aquí nace su segundo hijo, el niño, nació delicado y deciden buscar un clima más benigno que siente mejor al niño.
Piensan en el clima de Castilla, y Roca logra que le trasladen a Segovia, adonde llegan en 1817. Allí estarán dos años, hasta que llega el ascenso a Teniente de Artillería de su marido, al que destinan a Valencia, tres años después, y cuando se encontraban en Barcelona, pide el retiro por enfermedad, sin embargo, el clima le sienta mal al teniente Roca, y fallece víctima de la tisis. Juan Roca fallece en el Hospital Militar del Seminario, de Barcelona, en agosto de 1823.
Agustina queda viuda con 37 años, unos meses después, en marzo de 1824, sin solicitar la Real Licencia para contraer matrimonio como era preceptivo, por su condición de Subteniente Vivo de Infantería, contrae segundo matrimonio con un médico almeriense algo más joven que ella, pues sólo tiene sólo 26 años, Juan Cobos Belchite y Reperma. En julio de 1825, en Valencia, donde viven en esos momentos, nace su hija Carlota.
Con el Real indulto de 17 de diciembre de 1830, solicita su aplicación por no haber solicitado a su debido tiempo la Real Licencia para contraer nuevo matrimonio.
El nuevo matrimonio pasa a residir en Sevilla.
En 1847, su hija Carlota, se casa con Francisco Atienza y Morillo, Oficial 2º del Cuerpo de Administración Militar, que es destinado a Ceuta, Agustina marcha con ellos, dejando en Sevilla a su marido y a Juan Roca su segundo hijo, estudiante de medicina en esos momentos, profesión que ejercería hasta su muerte en la ciudad.
En Ceuta, ocupan una casa en la calle Real, conocida como la “Casa grande”, allí sigue ostentando su grado de Subteniente con un sueldo de 511 reales de vellón.
El 29 de mayo de 1857, con 71 años, fallece, siendo enterrada en el Cementerio General de Santa Catalina de la ciudad de Ceuta.
Sus restos no serían trasladados a Zaragoza hasta el 14 de junio de 1870, año en que llegan a la ciudad, quedando depositados en la Catedral del Pilar. Hasta que llega el traslado definitivo a la capilla de la Asunción de la Virgen, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Portillo en junio de 1908.
En 1876, el Rey le concede a su viudo, para si y sus herederos, el título de Barón de Cobos de Belchite.
Hasta aquí la biografía más o menos real de Agustina de Aragón, aunque recientes publicaciones de historiadores, indican que la tal heroicidad, no fue más que el fruto del General Palafox, cuestionado por la nula estrategia en la defensa de la ciudad, que necesitado de un hecho heroico y conociendo el amor de Agustina por los cuarteles, el que la encumbró. También se cuenta que mientras ella vivió en Zaragoza, y empezó a pensar que su marido estaba muerto (se encontraba en el Tórtosa) y se casó con un joven soldado, Luís Talerbe, que en 1814, cuando aparece, el marido, se escabulle discretamente camino de América, donde se le pierde el rastro.

domingo, 26 de febrero de 2012

ROSA BUTLER Y MENDIETA

Rosa Butler y Mendieta fue una escritora y poeta nacida en Jaén en junio de 1821.

 Hija de un capitán del ejército, fue educada por una hermana de su padre, Rosa Butler, y por su marido Antonio Izquierdo, con quienes vivió en Cádiz hasta 1841, en que se trasladaron a Puerto Real.
En este pueblo, é inspirada por la soledad y por las impresiones del campo, se desarrolló plenamente el sentimiento poético, que indudablemente habia nacido con ella, y que hasta entonces habia dormido en el fondo de su alma.

Colaboró con sus trabajos en varias publicaciones sevillanas y en la publicación feminista dirigida por Margarita Pérez de Celis “El Pensil Gaditano”. Anteriormente Butler había colaborado con “La Mujer”, publicación editada por un grupo de feministas moderadas nucleada en torno a María Verdejo y Durán. Vemos, pues, que Rosa Butler tuvo una relación fluida con las distintas tendencias del movimiento feminista que se empezaba a gestar en la segunda mitad del siglo XIX.

Entre las obras de Butler destacan el libro titulado “La noche y la Religión” (1849), dedicado a Tomás García Luna, fechado en Alcalá de Guadaira, y “La creación del mundo”, un ensayo épico, editado en Madrid en 1883.

sábado, 25 de febrero de 2012

ENRIQUETA LOZANO Y VELÁZQUEZ


  Granada, 1829-1895. Poeta, novelista y autora teatral.
También conocida como Enriqueta Lozano de Vílchez, es una de las escritoras granadinas más prolíficas y, en su día, reconocidas del siglo XIX. Empezó a escribir desde muy joven, y a los 18 años publicó la comedia Una actriz por amor (Granada, 1847). Fue profesora de Ciencias y Literatura y colaboró en revistas como El Eco de Occidente, El Guadalbullón o la Revista Literaria Granadina. El año 1875, fundó y dirigió la revista La madre de familia, muy representativa de la sociedad y de las costumbres de su época. Recibió numerosos galardones en su ciudad natal, donde gozó de una gran popularidad. Fue socia de mérito del Liceo de Granada, bajo la presidencia del Excmo. Sr. Conde de las Infantas, en las fechas en que esta institución organizó los actos de coronación del poeta José Zorrilla, celebrados con toda pompa en el Corpus de 1889. Residió en Granada hasta su muerte, vinculada siempre a los ambientes literarios de la ciudad .
Todas sus obras están impregnadas del intimismo propio del Romanticismo, patente en libros como La lira cristiana (Granada, 1857) o Perlas y lágrimas (Granada, 1860), que deriva en ella hacia su vertiente más artificiosa, sobre todo en poesía, en versos que combina con habilidad y en los que da rienda suelta a un sentimentalismo rayano en la sensiblería, como es fácil apreciar, entre otros poemarios, en El ramo de violetas (Granada, 1861).

 Su espíritu tradicional y religioso, si bien igualmente presente en su poesía, se manifiesta con más evidencia en sus obras de teatro, de carácter moralizador. Dicho espíritu tradicional puede verse en obras como la comedia en verso Un doble sacrificio, en el drama El cáncer social (Granada, 1876) o en La ruina del hogar (Granada, 1873), comedia en 3 actos y en verso donde la autora, partidaria de la mujer sumisa y en casa, habla por boca de uno de sus personajes, el padre, que, ya al final del último acto, dirigiéndose a sus hijos, Adela y Miguel, justifica el título de la obra expresándose en los siguientes términos: "que sólo de la mujer / la dulce misión serena / consiste en ser hija buena / y ejemplo de madre ser; / y que en su santa quietud / feliz y bella se siente, / si escritas lleva en la frente / la bondad y la virtud. / Mas ese afán de brillar / que hoy a la mujer domina, / es, hija mía, la ruina / de la dicha y del hogar". De su religiosidad, baste citar El faro bendito (Granada, 1959) o el drama sacro en 1 acto Dios es el Rey de reyes (Granada, 1852).
A estos rasgos característicos habría que añadir el costumbrismo que, aunque subyace también en los géneros anteriores, se manifiesta con mayor claridad en su obra narrativa. Sirvan de ejemplo, entre sus numerosas novelas, Juan, hermano de los pobres (Granada, 1848), Consuelo y juicio de Dios (Granada, 1859), El secreto de una muerta (Granada, 1860), Lágrimas del corazón (Granada, 1861), Buena hija y buena esposa, Delirios de ambición y muchas más.
En resumen, no sería aventurado afirmar que se trata de una escritora típicamente provinciana, que aborda todos los temas desde una perspectiva tradicionalista y conservadora.

Al margen de su abundantísima obra publicada, se le atribuye el texto, todavía vigente, de los diálogos y parlamentos en algunas de las representaciones populares de las "Fiestas de Moros y Cristianos" que anualmente se celebran por las calles de numerosos pueblos de la Alpujarra, como el de Válor.
OBRAS: Poesías de la señorita doña Enriqueta Lozano y Velázquez. Imprenta de la Sociedad Tipográfica. Jaén, 1848: Obras completas en 3 volúmenes. Imprenta de don Valentín de los Reyes. Granada, 1866.


Antonia Díaz y Fernández de Lamarque

Nació en Marchena (Sevilla) en 1827.

Perteneciente a una familia acomodada, era hija del médico Francisco Díaz, la mayor parte de su infancia transcurrió en Sevilla, donde recibió la educación propia de las señoritas de su época -una formación encaminada a dotar a la sociedad de buenas amas de casa y madres de familia-. Por lo tanto, su irrupción en la esfera literaria se debe principalmente a su empeño autodidacta por aprender, y en gran medida la biblioteca paterna fue la cuna real de su aprendizaje.

En 1846 empieza a escribir en diarios y revistas de la capital y colabora con otros poetas románticos en las “Coronas poéticas”, homenajes a personajes ilustres o a acontecimientos públicos de la época.

Así, con el paso del tiempo y con grandes dosis de perspicacia y discreción, Antonia logró abrirse camino en un círculo -el literario- que, por ser eminentemente masculino, se presentaba siempre hostil. De hecho, durante toda su vida renunció siempre a ocupar un primer plano, papel que siempre cedía a su marido, el también poeta José Lamarque de Novoa , cónsul de Australia y Hungría, con el que se casa en 1861. En su casa “La alquería del Pilar”, en Dos Hermanas, mantenían una tertulia literaria muy concurrida por los jóvenes poetas sevillanos del momento. A partir de ese momento empieza a firmar sus poemas como Antonia Díaz y Fernández de Lamarque. Una de las primeras ocasiones en que Antonia Díaz Fernández utiliza su nuevo apellido es en el volumen “Tertulia literaria. Colección de poesías selectas leídas en las reuniones semanales celebradas en casa de Don Juan José Bueno (1861)”.

Entre sus títulos más importantes cabe destacar: “Flores marchitas: baladas y leyendas” (1877-1882), “Poesías líricas” (1893), o “Aves y flores: fabulas morales” (1990). Escribió también una novela por entregas "El precio de una Dádiva" (1875), con el pseudónimo de ENRIQUETA MADOZ “Paseos por los alrededores”, también con el mismo seudónimo (publicada en 1975).

La obra poética de Antonia Díaz se enmarca dentro de la denominada “escuela sevillana de poesía”, una corriente literaria que se desarrolló a la sombra de Gustavo Adolfo Bécquer pero imprimió su particular sello en los grandes poetas sevillanos de las primeras décadas del siglo XX.
Murió en Dos Hermanas (Sevilla) en 1892.

Isabel Cheix Martinez

Nació en Málaga en 1863.

Procedía de una familia acomodada, su padre era ingeniero de minas, que residió entre Almería, Málaga y Sevilla. Se educó en Almería y muy pronto se trasladó a Sevilla.

Dedicó Isabel su juventud al cuidado de sus hermanos al quedar huérfana de madre a los 19 años, alternando desde entonces las tareas domésticas con sus aficiones literarias.

De pensamiento tradicional y conservador, se conoce que ofreció una conferencia en Sevilla con el sugerente título de “¿Debe o no ilustrarse la mujer?” y acorde con ello merece destacarse su pensamiento publicado en el diario malagueño El Ateneo en 1889: “Sólo comprendo la felicidad en la práctica de la virtud”.

Comenzó publicando sus poemas en la prensa local malagueña y participó en diversos concursos literarios y abordó todo tipo de géneros. La poesía lírica seguiría siendo el género más cultivado, aunque aparecería en los poemas un nuevo tema, el patriotismo, unido con frecuencia a una condena de la guerra y a un deseo ferviente de paz. También cultivó con esmero la temática religiosa y sería la única de su generación que abordaría el género biográfico, concretamente la hagiografía.

Cheix tocó todos los ámbitos literario,.scribió bajo el seudónimo de MARTÍN ÁVILA.

Murió en Sevilla, el 6 de agosto de 1899.

 Obra
Comenzó publicando sus poemas en la prensa local malagueña y participó en diversos concursos literarios, . Fue premiada por sus poemas “La ofrenda Milagrosa”, “El Ancora de Salvación” y “Nuestra Señora de la Cinta”.
Su producción poética incluye también el poema “La cruz del Valle” y el romance de temática religioso popular “La romería del Rocío”.
En el ámbito histórico destacaron su poema “La muerte de Cervantes” y la leyenda “El Rey Mártir”, premiada por la Academia de Buenas Letras de Sevilla, así como sus romandes “El cautivo”, “El Incendio de Astaza” y “Romancero de Pedro I de Castilla”. En el ámbito narrativo publicó la novelita Las memorias de un plato de China, , así como otras de temática religiosa, La Estrella de los Mares, Historia de la Virgen María (1873), Historia de Santa Teresa de Jesús (1893), Clemencia y El Amatistero.

Para el teatro tenemos tres obritas publicada, el drama Magdalena (1896 y 1903), el sainete de La tía Lechuza (1906) y la comedia Violeta.
Como literata, su primera obra fue " Al Lucero de la mañana". Escribió en total 27 novelas y nueve leyendas. Como periodista, colaboró en "La semana católica"; "Revista Compostelana"; "Revista Católica"; "Asta regia"; "El folletín"; "Sevilla Mariana"; "Cádiz"; "La Ilustración Artística".

jueves, 23 de febrero de 2012

JOSEFA AMAR Y BORBON

Josefa Amar y Borbón, (Zaragoza, febrero de 1749 - íd., 21 de febrero de 1833), pedagoga y escritora española de la Ilustración.
Hidalga aragonesa, hija del famoso médico de cámara de Fernando VI, José Amar, y de Ignacia de Borbón; emparentada con muy ilustres familias de la región. En toda su familia destacaban las profesiones liberales de médico o abogado. Sus hermanos se dedicaron a la milicia y a la Iglesia.

Tuvo eruditos preceptores y fue una lectora apasionada. Para poder satisfacer su ansia de saber aprendió latín, griego, italiano, inglés, francés, portugués, catalán y un poco de alemán. También le interesaron las cuestiones bibliográficas. Alcanzó, pues, una erudición más que notable y no tuvo igual entre las escritoras españolas de su siglo. Conocía toda la obra de los ilustrados e ideólogos franceses  y su pensamiento pasó de una Ilustración avanzada a un liberalismo convencido. Aborreció la extrema religiosidad de la cultura de la época y se mostró en todo como una laica convencida; nunca citó a escritoras religiosas: para ella, como si Santa Teresa y sor Juana no hubieran existido. En ese sentido, su feminismo fue más radical incluso que el de su contemporánea Margarita Hickey. Desaprueba que las niñas se eduquen en conventos de monjas y que incluso existan los conventos de monjas.

Se casó a los 23 años con un hombre viudo al que apenas conocía, mucho mayor que ella Joaquín Fuentes Piquer, que murió tras grave enfermedad en 1798. También murió trágicamente su hijo Felipe.

En 1782 fue nombrada socia de mérito de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. En 1787 lo fue de la Junta de Damas y posteriormente de la Real Sociedad Médica de Barcelona.
Se dedicó principalmente a la traducción de obras extranjeras, mayoritariamente científicas. A éste añade además un Índice de autores y materias.

Defendió en la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País de que formaba parte la independencia y dignidad de la mujer, por medio de su traducción de uno de los libros europeos más famosos sobre el tema, el de Knox, Essay moral and literary, y de varios discursos que escribió y pronunció entre 1786 y 1790: Discurso en defensa del talento de las mugeres (1786), Oración gratulatoria . . . a la junta de Señoras (1787) y Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres (1790). En todos estos defiende el feminismo de la igualdad: el cerebro no tiene sexo, y la aptitud de las mujeres para el desempeño de cualquier función política o social.
Obras
  • Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres (1786)
  • Oración gratulatoria... a la junta de Señoras (1787)
  • Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres (1790)

miércoles, 22 de febrero de 2012

FRANCISCA RUIZ DE LARREA Y AHERÁN

Frasquita, nació en Cádiz, en el seno de una familia acomodada, en el año 1775. Hija única de una familia con recursos, Frasquita tuvo una educación esmerada, circunscrita al dogmatismo católico más férreo, que completó con viajes a Inglaterra y a Francia, aprendiendo a usar sus lenguas con soltura.

A la edad de veinte años contrae matrimonio con el joven hamburgués, Juan Nicolás Böhl de Faber, de religión protestante y representante de los negocios familiares en la ciudad. La pareja se instala por un tiempo junto al lago Léman, lugar donde nacería su primogénita, Cecilia.

De vuelta a España, los siguientes años se repartirán entre estancias en Cádiz, a la que animan culturalmente abriendo sus primeras tertulias. En 1805, el matrimonio realiza su segundo viaje a Alemania, allí se desvela las primeras desavenencias conyugales. Frasquita vuelve sola a España, de modo que la trágica experiencia de la Guerra de la Independencia la atravesaría sola con dos de sus hijas en su casa de Chiclana. En todo este tiempo turbulento, Frasquita no pierde el tiempo ni el afán por saber.

Gracias al epistolario que mantiene con su marido conocemos sus inclinaciones literarias y las amistades que cultivó. Sabemos que le gustaba leer a Shakespeare, que conocía el pensamiento de Kant y Descartes, las obras de Madame Staël y que mantenía como lectura de cabecera las obras de Mary Wollstonecraft.

Durante la ocupación francesa mantuvo relaciones de amistad con el general francés Villate; gracias a él, conseguiría trasladarse a Cádiz en 1811, permaneciendo en la ciudad el tiempo justo para que, organizada su tertulia, ésta pasara a representar el círculo de reunión servil de la ciudad, frente. A finales de diciembre de ese año sale del país logrando reunirse con su familia en Alemania, su tercero y último viaje a esa tierra.

De nuevo en Cádiz reanudan una actividad cultural que dará fama al matrimonio y les reportará el mérito de introducir el movimiento romántico en el país. De este tiempo es el cambio de correspondencia con el filósofo Schlegel y el escritor Blanco White. Desde el punto de vista político, Frasquita, se manifiesta acérrima defensora de la monarquía absolutista de Fernando VII y escritos suyos le acarreará problemas con la censura. Integrados en los círculos de la burguesía local, pertenecen a la Real Sociedad de Amigos del País y a la Junta de Damas, respectivamente, desde su fundación.
La familia en esos años atraviesa una difícil situación económica que solventarán con un empleo que les llevará a trasladar su residencia a El Puerto de Santa María en 1822. Frasquita se dedica a traducir y a animar a una joven Cecilia indecisa en su labor como escritora. Como solían hacer las damas de aquella época, aprovechó algunas ocasiones para viajar por los pueblos de la provincia. La epidemia de fiebre amarilla desatada en 1819 le llevaría a realizar una estancia en Arcos de la Frontera. Más tarde recorre la zona de Arcos y Bornos. De estos viajes nos queda su testimonio escrito para penetrar en los detalles de la naturaleza  y su capacidad para describir tipos populares, afición, que sin duda trasladó al folklorismo que cultivara su hija Cecilia.

Frasquita Larrea, se nos muestra como una mujer decidida, fuerte e independiente, rasgos de su carácter que posiblemente la acercaran a la obra de Wollstonecraft, defendiendo la capacidad del entendimiento femenino. Su obra escrita, no muy extensa, se vierte en su obra epistolar y en una novela como Ella. Otros escritos, generalmente de carácter autógrafo, recopilan sus experiencias en viajes y opiniones literarias y políticas.
Su capacidad como traductora queda también ampliamente demostrada, llevando al castellano el Manfred de Lord Byron o el Viaje por Suecia, Noruega y Dinamarca de la propia Mary Wollstonecraft, entre otros autores.
Muere en El Puerto de Santa María en 1838


Maria Agueda Gallardo Guerrero



(Pamplona, Norte de Santander; 1751-1840)
“Doña María Águeda Gallardo Guerrero, nació en Pamplona el 5 de febrero de 1751. Fueron sus padres don José Gallardo y doña Rosa Guerrero. Los padres de doña Águeda contrajeron nupcias el 4 de octubre de 1746, en la Iglesia Mayor de Nuestra Señora de las Nieves. Los hermanos Gallardo Guerrero se llamaron: Ignacio Tomás, María Águeda, Bárbara Casilda, Antonio Ignacio, José Javier y Rafael Emigdio; todos Próceres de la Independencia nacidos en Pamplona.
Doña María Águeda Gallardo, casó en Pamplona a la edad de 16 años con don Juan Antonio de Villamizar y Peña, el 5 de agosto de 1767. Don Juan Antonio se desempeñó en varias oportunidades como Teniente Corregidor de la Provincia de Pamplona y Alcalde de la Santa Hermandad de San Pedro, una de las más importantes de América. Fue sargento del ejército comunero, Corregidor y Justicia Mayor de la Provincia y pertenecía a una de las familias más adineradas de la región. Hay que recalcar que la matrona pamplonesa en ningún documento aparece con el apellido de Villamizar; este error se empezó a cometer muchos años después de fallecida. En todos los documentos originales que reposan en los diferentes archivos de Pamplona, se menciona como Ägueda Gallardo Guerrero.”

Del matrimonio nacieron 10 hijos de los cuales 3 fueron soldados del ejército patriota: José María, Isidro y Bruno Villamizar Gallardo.

Además de sus hijos, otros miembros de su familia demostraron ideales a favor de la causa patriota, siendo así que uno de sus hermanos, el sacerdote Antonio Ignacio Gallardo y Guerrero, quien fuera rector del colegio del Rosario, fue firmante del acta de independencia de Santafé, el 20 de julio de 1810.
INFLUENCIA POLÍTICA
En 1795, Pamplona obtuvo el rango de Provincia del Nuevo Reino de Granada y su capital era la Ciudad de Pamplona, bajo la autoridad de un Corregidor. En 1808 llegó a Pamplona como gobernador don Juan Bastús y Faya, caballero catalán, abogado de profesión, quien quiso cambiar las costumbres de la población y la forma de vestir de los cabildantes, quienes asistían a las sesiones en alpargatas, sombrero y ruana. Ésta última prenda era considerada antihigiénica por la acumulación de pulgas y estaba prohibido usarla. Para ese tiempo, entre otros miembros del Cabildo de Pamplona, ejercían dichas funciones dos de los hermanos Gallardo Guerrero, quienes fueron reacios a aceptar las imposiciones de Bastús y ahí comenzaron las desavenencias. Dice el historiador Luis Eduardo Páez Courvel en su obra “Precursores, Mártires y Próceres santandereanos en la Independencia de Colombia” que en la residencia de doña Águeda comenzaron a realizarse tertulias, cuyo tema central era La Independencia. También lo corrobora don Luis Febres Cordero en su libro: “Del Antiguo Cúcuta”. Los criollos residentes en nuestra ciudad comenzaron a leer y a discutir en esas reuniones “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano” y el “Contrato Social” de Roseau, documentos que había dejado intencionalmente el general Antonio Nariño en la residencia de un hermano de doña Águeda. 29 DE JUNIO DE 1810 EN PAMPLONA Un grupo de ciudadanos y personalidades encabezadas por doña María Águeda Gallardo salieron con música a la Plaza Principal, la noche del 29 de junio para celebrar la festividad de San Pedro, patrono de la importante cofradía que llevaba su nombre.
Se encontraban departiendo con gran alborozo, cuando se presentó el Corregidor Bastús, ordenó la suspensión de la fiesta y el retiro de todas las personas a sus casas, no sin antes discutir con la señora Gallardo, quien era la responsable de tamaña desobediencia, debido a que para cualquier actividad por pequeña que fuese, tenía que autorizarla el mandatario, quien obviamente se sintió burlado y encolerizado disolvió la celebración. Al otro día de los hechos, corrió el rumor que mediante Decreto se ordenaría el apresamiento de doña Águeda y la incautación de sus bienes por considerar el acto de la noche anterior, como asonada.
Inmediatamente sus hermanos y familiares organizaron la partida de la dama, quien sigilosamente salió de la ciudad a refugiarse en una de sus haciendas de La Garita.

EL 4 DE JULIO DE 1810 EN LA CIUDAD DE PAMPLONA

“Versión oral que ha trascendido sobre la Independencia de Pamplona

El 4 de julio de 1810, cinco días después de los hechos ocurridos en la fiesta de San Pedro, se encontraron en la Plaza Principal de la ciudad don Juan Bastús y doña María Águeda Gallardo Guerrero. Entablaron una acalorada conversación y ante las insolentes palabras del mandatario, la aguerrida dama arrebató el bastón de mando que sostenía el Corregidor Bastús en su mano. Inmediatamente la gente se amotinó alrededor, apoyaron a la señora Gallardo Guerrero; rodearon al mandatario y el pueblo enfurecido lo condujo preso al segundo piso de la Casa del Cabildo”

REACCIÓN DE LOS PAMPLONESES

Reducido Bastús a prisión se amotinó un grupo de personas de todas las clases sociales solicitaron Cabildo Abierto; se conformó la Junta Revolucionaria, se organizó el Batallón de Milicias, se envió comunicación a todos los cabildos sobre los hechos ocurridos en Pamplona, rechazando este valiente acto, el pueblo de Girón manipulado por el cura Eloy Valenzuela.
El 31 de julio de ese mismo mes y año se firmó en la casa del antiguo colegio de los jesuitas el Acta de Independencia, se reemplazaron las autoridades españolas y esa memorable noche se recibió la noticia del levantamiento ocurrido el 20 de julio en la ciudad de Santafé, noticia que llenó de alborozo a los ciudadanos.”
NOTA: La información que se encuentra entre comillas es tomada del documento facilitado por el Instituto de Cultura y Turismo de Pamplona: Doña María Águeda Gallardo Guerrero. Prócer de la Independencia de Pamplona y de Colombia. Escrito por María Clara Valero Álvarez, Presidenta de la Academia de Historia de la ciudad de Pamplona.
 

martes, 21 de febrero de 2012

Concepción Arenal

«La sociedad no puede en justicia prohibir
el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano»


Concepción Arenal nació en Ferrol (La Coruña) el 31 de enero de 1820, en una modesta casa del bario conocido como Ferrol Vello.
Su padre, Angel del Arenal, fue un eminente militar que sufrió muchas veces prisión por su ideología liberal y por estar en contra del régimen monárquico absolutista del rey Fernando VII. Consecuencia de las estancias en prisión, cayó enfermo y muere en 1829, quedando Concepción huérfana de padre a los 8 años. En 1829 marcha con su madre, de quien recibió una férrea formación religiosa, a Armaño, en Cantabria. En 1834 se trasladan a Madrid, donde Concepción estudia en un colegio para señoritas. Siete años después entra, contra la voluntad de su madre, como oyente en la Facultad de Derecho de la Universidad Central (actual Universidad Complutense de Madrid), vistiendo ropas masculinas, puesto que en la época la educación universitaria estaba vedada a las mujeres. Vestida también de hombre, Concepción participa en tertulias políticas y literarias, luchando así contra lo establecido en la época para la condición femenina.
Acabada la carrera, se casó en 1848 con el también abogado y escritor Fernando García Carrasco. Años después colaborarían juntos en el periódico liberal Iberia, hasta que en 1857 Fernando murió de tuberculosis y Concepción se quedó sola y sin recursos. Forzada a vender sus posesiones en Armaño por las dificultades económicas que atravesaba, se trasladó a Potes (Cantabria), donde fundó en 1859 el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paúl para ayuda de los pobres. Dos años después, en 1861, la Academia de Ciencias Morales y Políticas la premió por su memoria La beneficencia, la filantropía y la caridad. Era la primera que la Academia premiaba a una mujer.
En 1863 se convierte también en la primera mujer que recibe el título de Visitadora de Cárceles de Mujeres, cargo que ostentó hasta 1865. Posteriormente publicó libros de poesía y ensayo como Cartas a los delincuentes (1865), Oda a la esclavitud (1866) —que fue premiada por la Sociedad Abolicionista de Madrid—, El reo, el pueblo y el verdugo o La ejecución de la pena de muerte (1867). En 1868, es nombrada Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres, y tres años después, en 1871, comienza a colaborar con la revista La Voz de la Caridad, de Madrid, en la que escribe durante catorce años sobre las miserias del mundo que la rodea.
En 1872 funda la Constructora Benéfica, una sociedad que se dedica a la construcción de casas baratas para obreros. Posteriormente también colabora organizando en España la Cruz Roja del Socorro, para los heridos de las guerras carlistas, poniéndose al frente de un hospital de campaña para los heridos de guerra en Miranda de Ebro.
Con Concepción Arenal nace el feminismo en España, pues desde joven luchó por romper los cánones establecidos para la mujer, rebelándose contra la tradicional marginación del sexo femenino, y reivindicando la igualdad en todas las esferas sociales para la mujer.
Murió el 4 de febrero de 1893 en Vigo, donde fue enterrada. Es su epitafio el lema que la acompañó durante toda su vida: A la virtud, a una vida, a la ciencia